En Grecia II estudiamos la filosofía, la mitología y la arquitectura griega: los tres grandes filósofos, los dioses del Olimpo y el Partenón. Vimos cómo Grecia construyó el primer sistema democrático de la historia, donde los ciudadanos votaban directamente en asambleas. Ahora damos un paso al oeste del mar Mediterráneo. Roma conoció la democracia griega, la admiró y la adaptó a su propio estilo, creando algo diferente: no una democracia directa de ciudadanos que votan en asamblea, sino una República con magistrados elegidos, un senado de nobles y leyes escritas para todos. Ese modelo romano —con sus cónsules, senadores y tribunos— llegó hasta nosotros: el Congreso del Perú, el Senado de Estados Unidos y el Parlamento Europeo heredan ideas que nacieron en Roma hace 2 500 años.
Roma fue fundada —según la tradición romana— el 21 de abril del año 753 a.C., en las orillas del río Tíber, en el centro de la península itálica. La leyenda dice que la fundaron los gemelos Rómulo y Remo, nietos del rey de Alba Longa y descendientes del héroe troyano Eneas. Rómulo mató a su hermano en una disputa por el lugar de la nueva ciudad y se convirtió en el primer rey de Roma.
La historia real es más modesta pero igualmente fascinante: Roma comenzó como un conjunto de aldeas sobre las siete colinas del Tíber, habitadas por el pueblo de los latinos. Su posición era estratégicamente excelente: el Tíber era navegable pero no tan ancho como para ser indefendible, y las colinas ofrecían protección natural. Al norte vivían los etruscos, una civilización avanzada de la que Roma aprendió la escritura, la arquitectura en arco y muchas técnicas constructivas. Al sur habían fundado colonias los griegos —la llamada Magna Grecia—, que aportaron influencias filosóficas, artísticas y religiosas.
Esta posición de encrucijada —entre el mundo etrusco y el griego, en el centro geográfico de la península, junto a un río y un puerto natural cercano al mar— fue uno de los factores que explicarían el futuro éxito expansivo de Roma. El historiador Tim Cornell, en The Beginnings of Rome (1995), considera que los primeros siglos de Roma son una historia de absorción cultural progresiva: Roma tomó lo mejor de sus vecinos y lo integró en su propia identidad, una capacidad que repetiría a lo largo de toda su historia.
Según la tradición, Roma tuvo siete reyes antes de convertirse en república. Esta lista —aunque mezclada con leyenda— refleja una realidad histórica: durante sus primeros dos siglos y medio, Roma fue gobernada por monarcas. Los primeros reyes eran latinos e itálicos, pero los tres últimos —Tarquinio Prisco, Servio Tulio y Tarquinio el Soberbio— eran de origen etrusco, lo que muestra la influencia de esa civilización vecina sobre la Roma primitiva.
El período de la Monarquía fue de gran desarrollo para Roma: se construyeron las primeras obras públicas importantes (el Circo Máximo, el Foro, el templo de Júpiter Capitolino), se organizó el ejército y se establecieron las primeras instituciones. El Senado —un consejo de patricios nobles que asesoraba al rey— ya existía en este período, aunque su poder era aún limitado.
El fin de la monarquía: la expulsión de Tarquinio
El último rey, Tarquinio el Soberbio (Superbus en latín, que significa «arrogante»), gobernó con tal despotismo que en el año 509 a.C. los patricios romanos se rebelaron y lo expulsaron de la ciudad. La leyenda dice que la gota que colmó el vaso fue la conducta criminal de su hijo Sexto Tarquinio contra Lucrecia, una noble romana que prefirió quitarse la vida a soportar la deshonra. El marido y el padre de Lucrecia juraron venganza, convocaron al pueblo y expulsaron al rey. Roma se convertiría en república para siempre, y los romanos guardarían tal odio a la palabra «rey» que siglos después, cuando Julio César fue acusado de querer convertirse en rey, fue asesinado.
Cuando los romanos expulsaron a Tarquinio en 509 a.C., se encontraron con una pregunta que también tenemos que responder hoy: ¿cómo organizar un gobierno para que nadie abuse del poder? La solución que inventaron fue brillante y duradera: dividir el poder entre varias instituciones que se controlaban mutuamente. Esta idea —que hoy llamamos «separación de poderes»— llegó hasta las constituciones modernas, incluida la del Perú.
Las instituciones de la República
El sistema republicano romano tenía varias piezas que funcionaban juntas como un mecanismo de relojería:
- Los cónsules: dos magistrados elegidos por un año. Comandaban el ejército y dirigían el gobierno. Cada uno podía vetar al otro, lo que impedía que uno solo acumulara demasiado poder.
- El Senado: consejo de unos 300 patricios nobles que asesoraba a los magistrados, controlaba las finanzas y la política exterior, y mantenía la memoria de las decisiones pasadas. Su autoridad era enorme, aunque técnicamente era consultivo.
- Los comicios: asambleas ciudadanas que elegían a los magistrados y votaban las leyes. No todos los ciudadanos tenían el mismo peso: los ricos votaban antes y con más influencia que los pobres.
- Los tribunos de la plebe: creados en 494 a.C. tras la Primera Secesión de la Plebe, protegían los derechos del pueblo frente a los abusos de los patricios. Su veto era poderoso e inviolable.
- El dictador: en caso de emergencia grave, el Senado podía nombrar a un ciudadano con poderes excepcionales por un máximo de seis meses. El famoso Cincinato fue llamado a ser dictador cuando Roma estaba en peligro, venció al enemigo en quince días y luego regresó a su granja.
Patricios vs. plebeyos: la lucha por la igualdad
La República romana no nació igualitaria. Al principio, solo los patricios podían ser magistrados, senadores o sacerdotes. Los plebeyos —la mayoría de la población— pagaban impuestos, servían en el ejército y obedecían leyes que no habían votado. Esta injusticia generó un largo conflicto conocido como la Lucha de los Órdenes (494-287 a.C.), en la que los plebeyos presionaron pacíficamente —y en ocasiones se negaron a combatir— hasta obtener sus derechos progresivamente: el tribuno de la plebe (494 a.C.), las Doce Tablas (451 a.C.), el acceso al consulado (367 a.C.) y finalmente la igualdad plena de derechos (287 a.C.). Esta historia de conquista gradual de derechos mediante la organización y la presión pacífica es un modelo político de notable modernidad.
Uno de los mayores logros de la República temprana fue la redacción de las Ley de las Doce Tablas (451-450 a.C.), el primer código de leyes escritas de Roma. Antes de ellas, las leyes eran orales y solo las conocían los patricios, lo que les daba una ventaja enorme sobre los plebeyos. Al escribirlas y exponerlas en el Foro, grabadas en doce tablas de bronce, cualquier ciudadano podía leerlas o que se las leyeran. Este principio —el de la ley escrita, pública e igual para todos— es la base de todos los sistemas jurídicos modernos, incluido el peruano.
Las Doce Tablas regulaban la propiedad, las deudas, la familia, los crímenes y los procedimientos judiciales. Algunas normas nos parecerían hoy muy duras —como que un deudor podía ser vendido como esclavo— pero su importancia histórica es enorme: por primera vez, nadie podía alegar ignorancia de la ley, ni el juez podía inventarla a su conveniencia.
La expansión por Italia
Mientras consolidaba sus instituciones, Roma fue expandiéndose por la península itálica mediante una combinación de guerras y acuerdos diplomáticos. Su sistema de alianzas era inteligente: los pueblos conquistados no eran simplemente esclavizados sino integrados en distintas categorías de ciudadanía y alianza, con obligaciones —principalmente militares— pero también con ciertos derechos. Este modelo permitió a Roma construir un ejército de aliados que crecía con cada victoria.
Hacia el año 270 a.C., Roma controlaba prácticamente toda la península itálica. Ya era la potencia dominante de Italia, pero aún no se imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir: el enfrentamiento con Cartago —la gran potencia comercial del Mediterráneo occidental— que convertiría a Roma en la dueña del mundo conocido. Ese proceso —el Imperio— lo estudiaremos en la próxima sesión.
Tres actividades sencillas y bien hechas. En 1.° de secundaria el objetivo es organizar la información con claridad, usar los datos correctos y expresarlos con tus propias palabras. Calidad sobre cantidad.
- Dibuja una línea horizontal que vaya del 753 a.C. al 270 a.C.
- Ubica los ocho eventos de la cronología de la lectura en orden. Usa dos colores: rojo = Monarquía, azul = República.
- Añade un símbolo pequeño para cada evento (corona 👑 para los reyes, columna 🏛️ para el Senado, balanza ⚖️ para las leyes).
- Dibuja en tu cuaderno un esquema con cuatro recuadros, uno por institución principal.
- Para cada institución escribe: nombre, quién la formaba y cuál era su función principal.
| Institución | ¿Quiénes la formaban? | Función principal |
|---|---|---|
| Los cónsules | [Completa: ¿cuántos y por cuánto tiempo?] | [Completa] |
| El Senado | [Completa: ¿quiénes podían ser senadores?] | [Completa] |
| Los tribunos de la plebe | [Completa: ¿quiénes los elegían?] | [Completa] |
| El dictador | [Completa: ¿cómo se nombraba?] | [Completa: ¿cuándo y por cuánto tiempo?] |
Prepara una intervención oral de 1 a 2 minutos sin leer tus notas. En 1.° el objetivo es hablar con claridad, mirar a tus compañeros y usar al menos dos datos concretos de la lectura. ¡Puedes hacerlo!
- Las Doce Tablas (451 a.C.) pusieron la ley por escrito e igual para todos: nadie podía alegar ignorancia ni el juez inventarla a su gusto.
- Los tribunos de la plebe protegían los derechos del pueblo y podían bloquear cualquier ley injusta con su veto.
- Los plebeyos obtuvieron derechos progresivamente hasta lograr la plena igualdad en 287 a.C., lo que muestra que el sistema podía reformarse.
- Al principio solo los patricios podían ser cónsules o senadores: los plebeyos pagaban impuestos y combatían pero no gobernaban.
- En los comicios, los ricos votaban antes y con más peso que los pobres: no era «un ciudadano, un voto».
- Los esclavos —que eran una parte importante de la población— no tenían ningún derecho político.