En la sesión anterior estudiamos América Latina en la segunda mitad del siglo XX: la Revolución Cubana, las dictaduras militares y los movimientos de resistencia en países como Chile, Argentina y Nicaragua. Vimos cómo las decisiones políticas —muchas de ellas radicales— marcaron el rumbo de sociedades enteras durante décadas. Ahora cruzamos el mundo hacia el sudeste asiático para hacer la misma pregunta, pero con dos casos radicalmente distintos y simultáneos: ¿qué determina que un país prospere o se destruya? Singapur y Camboya nacieron casi al mismo tiempo como estados independientes, enfrentaron problemas similares y partieron de condiciones parecidas. Sin embargo, sus líderes tomaron caminos opuestos y los resultados fueron igualmente opuestos. Este contraste es uno de los experimentos naturales más poderosos que nos ofrece la historia del siglo XX para entender la relación entre política, economía y bienestar humano.
Para entender por qué el contraste entre Singapur y Camboya es tan instructivo, hay que partir de lo que ambos países tenían en común hacia mediados de la década de 1960. Los dos eran naciones pequeñas del sudeste asiático que acababan de liberarse del colonialismo europeo: Singapur había sido colonia británica hasta 1963 y se convirtió en Estado independiente en 1965 tras separarse de la Federación de Malasia; Camboya había sido colonia francesa hasta 1953 y buscaba desde entonces su propio camino.
Ambos países carecían de recursos naturales abundantes. Singapur es una isla de apenas 733 km² sin petróleo, sin minerales, sin tierra agrícola suficiente y sin agua potable propia —dependía de Malasia para el agua—. Camboya tenía tierra fértil y el gran río Mekong, pero su economía era fundamentalmente campesina y atrasada. Ninguno de los dos parecía destinado a destacar en el concierto de las naciones.
Lo que sí los diferenciaba era el contexto geopolítico inmediato. Singapur quedó atrapado entre potencias regionales —Malasia e Indonesia— con las que tenía tensiones. Camboya se hallaba en el corazón del sudeste asiático continental, rodeada por Vietnam del Norte, Vietnam del Sur, Laos y Tailandia, en plena zona de conflicto de la Guerra de Vietnam. Esa guerra, que enfrentaba a Estados Unidos y sus aliados contra el comunismo vietnamita, haría de Camboya un campo de batalla involuntario con consecuencias catastróficas.
El factor decisivo en ambos casos no fue la geografía ni los recursos: fue el liderazgo político y el modelo de desarrollo elegido. Esta es la lección central de la sesión.
Lee Kuan Yew (1923-2015) fue el primer ministro de Singapur desde la independencia en 1965 hasta 1990, y la figura más influyente en la historia del país hasta su muerte. Abogado formado en Cambridge, de origen chino y profundamente pragmático, Lee partía de una convicción radical: Singapur no tenía el lujo de equivocarse. Sin recursos naturales, sin mercado interno amplio y rodeado de vecinos potencialmente hostiles, el único capital con que contaba la isla era su gente y su posición estratégica en las rutas marítimas del sudeste asiático.
Su modelo de desarrollo descansó en cuatro pilares fundamentales. El primero fue la atracción de inversión extranjera directa: Lee ofreció a las multinacionales occidentales y japonesas un entorno radicalmente seguro para sus capitales —Estado de derecho sólido, contratos respetados, impuestos bajos, infraestructura de primer nivel y corrupción mínima—. En pocos años, Singapur se convirtió en la sede regional de centenares de empresas globales. El segundo fue la educación de calidad universal: el gobierno invirtió masivamente en escuelas, universidades técnicas y formación en inglés, convirtiendo a la población en un activo competitivo de primer orden. El tercer pilar fue la disciplina fiscal e institucional: el gobierno de Lee toleró cero corrupción, aplicó leyes con rigor uniforme y administró el presupuesto público con austeridad. El cuarto fue el pragmatismo ideológico: Lee rechazó tanto el socialismo de planificación central como el capitalismo sin reglas; construyó un modelo propio que combinaba libre mercado, Estado fuerte y cohesión social.
Resultados: un milagro económico documentado
Los resultados del modelo de Lee Kuan Yew son uno de los casos de desarrollo más estudiados en economía y ciencias políticas. En 1965, el PIB per cápita de Singapur era de aproximadamente 516 dólares anuales, comparable al de muchos países africanos. Para 1990, cuando Lee dejó el poder, superaba los 12 000 dólares. En la actualidad supera los 65 000 dólares, situando a Singapur entre los diez países más ricos del mundo. El economista Angus Maddison y el Banco Mundial han documentado que ningún país en la historia moderna ha crecido tan rápido y de manera tan sostenida durante tan largo período.
Las críticas al modelo de Lee son también reales y deben mencionarse con honestidad: su gobierno fue autoritario en el sentido de que restringió la libertad de prensa, limitó la oposición política y aplicó leyes muy estrictas sobre el orden público. Singapur no es una democracia liberal plena. El propio Lee defendía que, para países en desarrollo, el orden y la disciplina son condiciones previas necesarias para la prosperidad. Este debate sigue abierto entre politólogos y economistas, y forma parte de cualquier análisis serio del caso singapurense.
El camino de Camboya fue radicalmente opuesto. Tras años de inestabilidad política y de verse arrastrada al conflicto de la Guerra de Vietnam —Estados Unidos bombardeó el territorio camboyano entre 1969 y 1973 buscando bases del Viet Cong, provocando decenas de miles de víctimas civiles y desestabilizando al gobierno—, en abril de 1975 los Jemeres Rojos (Khmer Rouge), una guerrilla comunista radical liderada por Pol Pot, tomaron la capital, Phnom Penh, y se hicieron con el control del país.
Lo que siguió fue uno de los genocidios más intensos del siglo XX. Los Jemeres Rojos proclamaron el «Año Cero»: la historia de Camboya debía borrarse por completo y reconstruirse desde la nada sobre una utopía agraria comunista. Sus medidas fueron inmediatas y brutales:
- Evacuaron por la fuerza a toda la población urbana de Phnom Penh —más de dos millones de personas— hacia el campo en cuestión de días, sin excepción para enfermos, ancianos o recién nacidos.
- Abolieron el dinero, los bancos, el comercio privado, la propiedad individual y la religión.
- Cerraron todas las escuelas, hospitales y universidades.
- Persiguieron y ejecutaron a médicos, maestros, abogados, ingenieros y cualquier persona con educación —el criterio podía ser tan arbitrario como usar gafas, señal de haber leído demasiado—.
- Organizaron a toda la población en cooperativas agrícolas de trabajo forzado con cuotas de producción imposibles de cumplir.
El genocidio camboyano: cifras y consecuencias
Entre 1975 y 1979, el régimen de los Jemeres Rojos provocó la muerte de entre 1,5 y 2 millones de personas, aproximadamente un cuarto de la población total de Camboya en aquel momento. Las muertes se produjeron por ejecuciones directas, hambruna provocada por las políticas agrarias, trabajo forzado agotador y enfermedades sin atención médica. Los historiadores Ben Kiernan y David Chandler, especialistas en la historia de Camboya, han documentado extensamente este período. Kiernan, en su obra The Pol Pot Regime (1996), estimó que la cifra de muertos se aproximó a 1,7 millones.
En enero de 1979, el ejército de Vietnam del Norte invadió Camboya y derrocó a los Jemeres Rojos. Pol Pot huyó a la selva, donde siguió operando una guerrilla hasta su muerte en 1998. Camboya tardó décadas en recuperarse demográfica, social y económicamente. Aún hoy es uno de los países más pobres del sudeste asiático.
El politólogo Daron Acemoglu y el economista James Robinson, en su influyente obra Por qué fracasan los países (2012), argumentan que la diferencia entre naciones ricas y pobres no se explica por la geografía, la cultura ni los recursos naturales, sino por la calidad de sus instituciones: las reglas formales e informales que determinan cómo se toman las decisiones, cómo se distribuye el poder y cómo se protegen los derechos de los ciudadanos. El contraste entre Singapur y Camboya es uno de los ejemplos más extremos que ilustra esa tesis.
Singapur construyó instituciones que los economistas llaman inclusivas: garantizaban los derechos de propiedad, hacían cumplir los contratos, distribuían las oportunidades educativas ampliamente y permitían que el talento —independientemente del origen social— se tradujera en prosperidad. Camboya, bajo los Jemeres Rojos, destruyó todas las instituciones existentes y las reemplazó por el poder arbitrario de un partido que podía decidir la vida o la muerte de cualquier ciudadano sin proceso alguno.
| Dimensión | 🇸🇬 Singapur (Lee Kuan Yew) | 🇰🇭 Camboya (Pol Pot) |
|---|---|---|
| Modelo económico | Libre mercado con Estado fuerte; atracción de inversión extranjera | Comunismo agrario; abolición del dinero y el comercio |
| Educación | Inversión masiva; inglés como lengua de trabajo | Cierre de todas las escuelas y universidades |
| Profesionales | Formados y retenidos con salarios competitivos | Perseguidos y ejecutados sistemáticamente |
| Corrupción | Combatida con rigor; funcionarios bien pagados | El partido controlaba todo sin rendición de cuentas |
| Resultado 1979 | PIB per cápita en fuerte crecimiento; pleno empleo | Entre 1,5 y 2 millones de muertos; economía destruida |
| Resultado hoy | Uno de los países más ricos y mejor gobernados del mundo | Uno de los países más pobres del sudeste asiático |
La lección no es que el autoritarismo produzca desarrollo —la historia está llena de dictaduras que empobrecieron a sus pueblos—. La lección es que las decisiones concretas de los líderes en materia económica, educativa e institucional tienen consecuencias reales y duraderas sobre la vida de millones de personas. Lee Kuan Yew y Pol Pot tomaron decisiones opuestas y produjeron destinos opuestos. Esa es la pregunta que esta sesión te invita a analizar con rigor.
Tres actividades dosificadas. En 5.° el objetivo es que puedas comparar modelos de desarrollo con criterios claros y expresar un juicio histórico fundamentado en datos concretos.
- Copia el cuadro comparativo de la lectura en tu cuaderno (el de las seis filas).
- Añade una fila más titulada «¿Qué decisión marca la mayor diferencia?» y escribe tu propia respuesta con una oración que la justifique.
- Ubica ambos países en el mapa del sudeste asiático del Bloque 1 y señálalos con sus nombres.
- Dibuja una línea de tiempo doble desde 1965 hasta 1990, con una franja para Singapur (color a tu elección) y otra para Camboya (color distinto).
- Ubica seis eventos en total —tres de cada país— con su fecha y una descripción breve.
- Al final escribe una oración que explique la diferencia de trayectorias.