En la sesión anterior estudiamos la Revolución francesa en su segunda etapa: el Terror, el Directorio y su legado. Vimos cómo Francia, tras ejecutar a Luis XVI y atravesar años de violencia política, quedó exhausta y necesitada de orden. Ese vacío de poder fue la oportunidad que aprovechó un joven general corso para cambiar la historia. La figura de Napoleón Bonaparte es incomprensible sin la Revolución que lo formó: él fue, al mismo tiempo, su heredero, su continuador y, para muchos, su traidor.
Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, capital de Córcega, apenas un año después de que la isla fuera cedida por la República de Génova a Francia. Era el segundo hijo de una familia de pequeña nobleza local, lo que le permitió acceder a becas militares en Francia continental. Estudió en la Escuela Militar de París y en 1785, a los dieciséis años, obtuvo el grado de subteniente de artillería.
La Revolución francesa lo encontró siendo un joven oficial de escasas perspectivas. Pero la República necesitaba generales competentes —la nobleza había emigrado o había sido guillotinada— y Napoleón ascendió con una velocidad sin precedentes. En 1793, a los veinticuatro años, fue decisivo en la reconquista del puerto de Tolón, tomado por los ingleses. Su éxito le valió el ascenso a general de brigada.
La campaña de Italia (1796-1797)
En 1796 el gobierno del Directorio le confió el mando del maltrecho ejército de Italia, con la misión de combatir al Piamonte y Austria. En cuestión de meses, Napoleón venció en una quincena de batallas, obligó al reino del Piamonte a capitular y empujó a Austria hasta las puertas de Viena. Firmó el Tratado de Campo Formio (1797) con Austria, redibujando el mapa de Italia y convirtiendo a Francia en potencia dominante del continente. El general corso regresó a París como héroe nacional.
Según el historiador Jean Tulard, en su obra Napoléon ou le mythe du sauveur (1977), la campaña de Italia reveló las tres claves del genio militar napoleónico: velocidad de movimiento, concentración de fuerzas en el punto débil del enemigo y capacidad de mantener la moral de sus tropas con el ejemplo personal y la promesa de gloria y botín.
El golpe del 18 Brumario (1799)
En 1798 Napoleón dirigió la campaña de Egipto, con el objetivo estratégico de cortar la ruta comercial británica hacia la India. Aunque ganó la Batalla de las Pirámides contra los mamelucos, la flota francesa fue destruida por el almirante Nelson en la Batalla del Nilo. Napoleón regresó a Francia dejando su ejército en Egipto, pero manteniendo intacta su imagen de invicto.
El Directorio gobernaba Francia en medio de la corrupción, la inestabilidad y el miedo a una nueva reacción jacobina. El 18 Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799), con el apoyo de su hermano Luciano y del director Sieyès, Napoleón disolvió el Directorio y se proclamó Primer Cónsul. Francia dejó de ser una república parlamentaria para convertirse, en la práctica, en una dictadura ilustrada.
Las reformas del Consulado (1799-1804)
Antes de proclamarse emperador, Napoleón transformó Francia desde el poder consular con una serie de reformas profundas que cambiaron el país para siempre:
- Código Civil (1804): conocido como el Code Napoléon, unificó el derecho francés en torno a tres principios heredados de la Revolución: igualdad ante la ley, propiedad privada inviolable y libertad de contrato. Fue adoptado por más de treinta países y sigue siendo la base del derecho civil del Perú y gran parte de América Latina.
- Concordato con el Papa Pío VII (1801): reconcilió a Francia con la Iglesia católica, que había sido violentamente perseguida durante el Terror. Napoleón reconocía al catolicismo como la «religión de la mayoría de los franceses» sin hacerla religión oficial del Estado.
- Banco de Francia (1800): creó el banco central que estabilizó la moneda y financió el Estado.
- Sistema educativo: fundó los lycées (institutos de educación secundaria estatal) y reorganizó las universidades bajo control del Estado, rompiendo el monopolio de la Iglesia sobre la educación.
- Prefectura: dividió Francia en departamentos administrados por prefectos nombrados por el gobierno central, eliminando el poder de los nobles locales y los caciques revolucionarios.
La coronación como Emperador (1804)
El 2 de diciembre de 1804, en la catedral de Notre-Dame de París, ante el papa Pío VII y la élite del Imperio, Napoleón realizó un gesto cargado de simbolismo: tomó la corona de las manos del pontífice y se la colocó él mismo en la cabeza, coronando a continuación a su esposa Josefina. El mensaje era inequívoco: su poder no derivaba de Dios ni de la Iglesia, sino de sí mismo y del pueblo francés.
El nuevo título de Emperador de los Franceses fue ratificado por un plebiscito con más del 99% de los votos. Napoleón se rodeó de una corte brillante, emparentó su familia con las casas reales europeas y distribuyó los tronos conquistados entre sus hermanos: José Bonaparte fue rey de España, Luis Bonaparte rey de Holanda, Jerónimo rey de Westfalia.
Las guerras napoleónicas y la Europa del Imperio
Entre 1803 y 1815, Europa vivió casi sin interrupción en estado de guerra. Las llamadas guerras napoleónicas enfrentaron a Francia contra sucesivas coaliciones de potencias europeas (Gran Bretaña, Austria, Prusia, Rusia y España) financiadas por el capital inglés. El período puede dividirse en tres grandes fases:
- Fase de triunfos (1803-1807): Napoleón venció en Austerlitz (1805) sobre Austria y Rusia —considerada su obra maestra táctica—, en Jena (1806) sobre Prusia y firmó los Tratados de Tilsit (1807) con el zar Alejandro I, llegando al máximo de su poder.
- Fase del desgaste (1808-1812): la Guerra de la Independencia española (1808-1814) —que los españoles llamaron «Guerra de la Independencia» y los franceses «la guerra de España»— demostró que las guerras de guerrillas podían sangrar indefinidamente a un ejército convencional. La expedición a Rusia (1812) fue la catástrofe decisiva: de los 600 000 soldados que cruzaron el Niemen, apenas 100 000 regresaron.
- Fase de la derrota (1813-1815): la Batalla de Leipzig o «Batalla de las Naciones» (octubre de 1813) enfrentó a Napoleón con más de 300 000 soldados coalicionados. Fue su mayor derrota. París cayó en marzo de 1814.
La primera abdicación y el exilio en Elba (1814)
En abril de 1814, acorralado por las tropas coalicionadas que ya ocupaban París, Napoleón abdicó en el Tratado de Fontainebleau. Los vencedores le concedieron la soberanía de la pequeña isla de Elba, frente a la costa italiana, con un ejército personal de 600 hombres y una renta anual. Mientras tanto, el Congreso de Viena (1814-1815) rediseñaba el mapa de Europa bajo la dirección del canciller austriaco Metternich, restaurando las monarquías y borrando muchas de las reformas napoleónicas.
Los Cien Días y Waterloo (1815)
El 1 de marzo de 1815, Napoleón escapó de Elba y desembarcó en el sur de Francia con 700 hombres. En un avance que asombró al mundo, recorrió 1 100 kilómetros a pie y a caballo, y el 20 de marzo entró en París. Las tropas enviadas a detenerlo se unían a su marcha una tras otra. El rey Luis XVIII huyó a Bélgica sin disparar un tiro.
Los Cien Días terminaron el 18 de junio de 1815 en el campo de Waterloo, en la actual Bélgica. Napoleón se enfrentó al duque de Wellington con un ejército inglés-holandés y al mariscal prusiano Blücher con tropas frescas. La derrota fue total. Napoleón abdicó por segunda vez el 22 de junio de 1815.
El exilio en Santa Elena y la muerte (1815-1821)
Esta vez los vencedores no corrieron riesgos. Enviaron a Napoleón a Santa Elena, una isla volcánica en el Atlántico Sur, a 1 800 kilómetros de la costa africana y a casi 3 000 de América del Sur. Allí vivió seis años bajo custodia del gobernador británico Hudson Lowe. Dictó sus memorias —las Mémoires— y construyó cuidadosamente su propia leyenda: la del genio perseguido por las monarquías reaccionarias de Europa.
Murió el 5 de mayo de 1821 a los cincuenta y un años. La causa oficial fue cáncer de estómago, aunque durante décadas circuló la hipótesis del envenenamiento por arsénico. Sus restos fueron trasladados a París en 1840 y reposan en el Hotel des Invalides, bajo una suntuosa tumba de pórfido rojo, donde continúan siendo uno de los monumentos más visitados de Francia.
El legado de Napoleón es uno de los más debatidos de la historia. Para sus admiradores, fue el gran modernizador de Europa: exportó la igualdad ante la ley, eliminó el feudalismo en los territorios conquistados, creó sistemas educativos públicos y racionalizó las administraciones del Estado. Para sus críticos, fue un dictador que sacrificó millones de vidas a su ambición personal y enterró los ideales de libertad de la Revolución.
La visión académica más rigurosa, representada por historiadores como David Bell en Napoleon: A Concise Biography (2015) o Andrew Roberts en Napoleon the Great (2014), reconoce ambas dimensiones sin excusar la una con la otra. Napoleón fue simultáneamente un genio político y militar, un modernizador del Estado y un constructor de imperios que ignoró la soberanía de los pueblos que decía liberar.
El legado en América Latina y en el Perú
El impacto de Napoleón en América Latina fue paradójico y decisivo. Al invadir España en 1808 y colocar a su hermano José Bonaparte en el trono, Napoleón deslegitimó la autoridad colonial española: ¿a quién debían obediencia las colonias si el rey legítimo, Fernando VII, estaba preso? Este vacío político aceleró directamente los movimientos de independencia en toda América, incluido el Perú.
Al mismo tiempo, el Code Napoléon sirvió de modelo para el primer Código Civil peruano (1852) y para los códigos civiles de Colombia, Ecuador, Bolivia y la mayoría de los países latinoamericanos. La organización del Estado en prefecturas y la educación pública laica son herencias indirectas del sistema napoleónico que llegaron a América a través de España y las nuevas repúblicas.
Completa las siguientes actividades en tu cuaderno. Usa la lectura académica y las fuentes primarias como base. Recuerda: letra legible, organización visual y uso de colores marcan la diferencia en tu nota.
- En una página completa del cuaderno, dibuja o esquematiza el mapa de Europa.
- Utiliza tres colores distintos para identificar: (a) el Imperio francés, (b) los estados satélites gobernados por la familia Bonaparte y (c) los países aliados o neutral es.
- Marca con una estrella las siguientes batallas en su ubicación aproximada: Austerlitz (1805), Trafalgar (1805), Jena (1806), Borodino (1812), Leipzig (1813), Waterloo (1815).
Dibuja un arco de tres fases en tu cuaderno (como una montaña). Rellena cada sección:
- ⬆️ ASCENSO (1793-1804): Tolón · Italia · Golpe del 18 Brumario · Cónsul · Reformas
- 🔝 APOGEO (1804-1812): Coronación · Austerlitz · Código Civil · Máxima extensión del Imperio
- ⬇️ CAÍDA (1812-1821): Rusia · Leipzig · Elba · Waterloo · Santa Elena · Muerte
Para cada fase escribe al menos tres eventos concretos con fecha y una frase que explique su importancia.
- Copia en tu cuaderno las seis palabras clave en francés de la sección de vocabulario.
- Para cada una escribe: el término en francés, su significado en español y una oración propia que lo use en contexto histórico.
- Ejemplo: «El blocus continental de Napoleón intentó arruinar la economía británica, pero fracasó porque los propios aliados lo incumplían.»
- Imprime los seis cromos de la galería de la lectura (o dibújalos si no tienes impresora).
- Pégalos en una página doble de tu cuaderno dejando espacio alrededor de cada uno.
- Junto a cada cromo escribe con tu propio lenguaje: quién es o qué representa, por qué es importante en la historia napoleónica y un dato sorprendente que recuerdes de la lectura.
- Si lo deseas, colorea el borde de cada cromo con el color que representa su tipo: dorado = personaje, rojo = batalla, azul = legado.
Prepara una intervención oral de 1 a 2 minutos sin leer tus notas. En 3.° de secundaria se espera que puedas sostener una posición con argumentos históricos concretos y responder preguntas de tus compañeros. Este es el nivel de oratoria que trabajamos en el Festival.
- El Código Civil extendió la igualdad ante la ley, principio revolucionario, a toda Europa.
- Eliminó el feudalismo y los privilegios nobiliarios en los territorios que conquistó.
- Mantuvo el mérito, no el nacimiento, como criterio de ascenso social y militar.
- Creó sistemas de educación pública que rompieron el monopolio de la Iglesia.
- Se coronó Emperador, restaurando exactamente lo que la Revolución había destruido: el poder personal absoluto.
- Censuró la prensa, restringió las libertades políticas y disolvió el gobierno representativo.
- Sus guerras de conquista negaron a otros pueblos el derecho de autodeterminación que la Revolución proclamaba.
- Restauró la esclavitud en las colonias francesas en 1802, que la Revolución había abolido en 1794.