En la sesión anterior estudiamos el Perú del guano y los antecedentes de la Guerra del Pacífico: la bonanza fiscal del guano, su mala administración, la crisis económica de la década de 1870, la nacionalización del salitre de Tarapacá y la alianza secreta con Bolivia. Vimos que el 5 de abril de 1879 Chile declaró la guerra al Perú y a Bolivia simultáneamente. Hoy estudiamos cómo se desarrolló ese conflicto: la campaña naval que decidió quién controlaría el mar, las campañas terrestres de Tarapacá y Tacna-Arica, la caída de Lima y la prolongada resistencia en la sierra central. Comprender esta secuencia es indispensable para entender por qué el Perú perdió la guerra y qué consecuencias territoriales dejó, tema de la siguiente sesión.
Desde el inicio del conflicto, ambos bandos comprendieron que el control del mar sería decisivo: sin transporte marítimo seguro, ninguno de los dos ejércitos podía desembarcar tropas en el desierto de Atacama, una de las regiones más áridas e inhóspitas del planeta. El problema para el Perú era que su escuadra —compuesta principalmente por los blindados Huáscar e Independencia— era numéricamente inferior a la chilena, que contaba con los modernos blindados Cochrane y Blanco Encalada.
El 21 de mayo de 1879 se produjo el primer gran enfrentamiento naval frente a Iquique. Mientras el Huáscar, al mando del capitán de navío Miguel Grau, embestía y hundía a la corbeta chilena Esmeralda —cuyo comandante, Arturo Prat, murió al abordar el buque peruano—, el Independencia perseguía a la goleta chilena Covadonga y encalló en Punta Gruesa, quedando fuera de combate. El resultado fue mixto: una victoria táctica peruana en Iquique, pero la pérdida de uno de los dos únicos blindados del país.
La campaña de Grau y el fin de la superioridad naval peruana
Durante casi cinco meses, el Huáscar operó prácticamente en solitario, hostigando convoyes chilenos y retrasando el desembarco de tropas enemigas en el sur peruano. Esta actuación obligó a Chile a destinar buena parte de su escuadra a la persecución de un solo barco, lo que demoró considerablemente sus planes de invasión terrestre.
El desenlace llegó el 8 de octubre de 1879 en el combate de Angamos: la escuadra chilena logró rodear al Huáscar con varios buques a la vez. Miguel Grau murió durante el enfrentamiento y el monitor, gravemente dañado, fue capturado. Con la pérdida del Huáscar, Chile obtuvo el control absoluto del mar, condición indispensable para iniciar sus campañas de desembarco en Tarapacá.
Con el control del mar asegurado, Chile desembarcó tropas en el puerto de Pisagua el 2 de noviembre de 1879, iniciando la campaña de Tarapacá. Días después, en la batalla de San Francisco (o Dolores), las fuerzas chilenas derrotaron al ejército aliado peruano-boliviano. Sin embargo, el 27 de noviembre de 1879, en la batalla de Tarapacá, las tropas peruanas obtuvieron una clara victoria táctica sobre la división chilena que ocupaba la zona. A pesar de ese triunfo, la situación estratégica general obligó al ejército aliado a replegarse hacia el sur, y Bolivia, tras la caída de su presidente Hilarión Daza, redujo notablemente su participación activa en la guerra.
Tacna y Arica: el fin de la participación boliviana
La siguiente fase del conflicto se libró en torno a las ciudades de Tacna y Arica. El 26 de mayo de 1880, en la batalla de Tacna (también llamada del Alto de la Alianza), el ejército chileno derrotó de manera contundente a las fuerzas aliadas. Esta derrota fue decisiva: Bolivia se retiró prácticamente de la guerra a partir de ese momento, dejando al Perú solo frente a Chile.
Días después, el 7 de junio de 1880, se libró la batalla de Arica, una de las más recordadas del conflicto. La guarnición peruana, muy inferior en número, defendió el morro de Arica bajo el mando del coronel Francisco Bolognesi, quien es recordado por su firme decisión de resistir hasta el final antes que rendirse. La plaza cayó tras un intenso combate, y Bolognesi murió en la defensa. En esa misma batalla se sitúa el relato tradicional sobre el coronel Alfonso Ugarte, quien —según la versión más difundida— prefirió lanzarse desde el morro con la bandera peruana antes que entregarla al enemigo; los historiadores señalan que, si bien su heroica muerte en combate está bien documentada, algunos detalles precisos de ese episodio forman parte de la tradición y la memoria histórica nacional más que de un registro documental exhaustivo.
Tras la derrota en Tacna y Arica, el político Nicolás de Piérola asumió poderes dictatoriales para organizar la defensa de la capital. Se levantaron líneas defensivas al sur de Lima, en los balnearios de Chorrillos y Miraflores, con soldados reclutados apresuradamente y escaso entrenamiento militar.
Las batallas de San Juan (13 de enero de 1881) y Miraflores (15 de enero de 1881) fueron los últimos intentos organizados de frenar el avance chileno. A pesar de una resistencia encarnizada, ambas líneas defensivas fueron superadas por un ejército chileno mejor equipado y numeroso. El 17 de enero de 1881, las tropas chilenas ocuparon Lima, que permanecería bajo ocupación militar durante casi tres años, administrada por el vicealmirante chileno Patricio Lynch.
La caída de la capital marcó el fin de la resistencia organizada del gobierno central, pero no significó el fin de la guerra. El conflicto entró entonces en su fase más prolongada y, en muchos sentidos, más dura para la población civil: la resistencia en la sierra central del país.
Con Lima ocupada, el coronel Andrés Avelino Cáceres se replegó hacia la sierra central del Perú y organizó una prolongada resistencia conocida como la campaña de la Breña. Su ejército combinaba soldados regulares con montoneras: partidas armadas formadas principalmente por campesinos indígenas y mestizos de la región, que conocían el terreno y aportaban un apoyo logístico decisivo.
Entre 1881 y 1883, Cáceres libró numerosos combates —como los de Pucará, Marcavalle y Concepción— en los que las fuerzas peruanas lograron, en varias ocasiones, infligir importantes pérdidas a las tropas chilenas de ocupación. Esta resistencia demostró que la guerra no había terminado con la caída de la capital y obligó a Chile a mantener un esfuerzo militar considerable en el interior del país.
El fin del conflicto: Huamachuco y el Tratado de Ancón
La resistencia de la Breña llegó a su fin con la derrota peruana en la batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883), tras la cual las fuerzas de Cáceres quedaron muy debilitadas para continuar la lucha organizada. Meses después, el 20 de octubre de 1883, el Perú y Chile firmaron el Tratado de Ancón, que puso fin oficialmente a la guerra: el Perú cedió el departamento de Tarapacá de manera definitiva, mientras que las provincias de Tacna y Arica quedaron bajo administración chilena por un período de diez años, al cabo del cual un plebiscito debía decidir su soberanía definitiva. Ese plebiscito nunca llegó a realizarse; el asunto se resolvió recién en 1929 mediante un nuevo tratado directo entre ambos países, que devolvió Tacna al Perú y confirmó a Arica como territorio chileno.
Tres actividades dosificadas. El objetivo es que ubiques espacialmente las campañas y ordenes cronológicamente los hechos, no que memorices cada batalla en detalle.
- Dibuja una línea de tiempo desde abril de 1879 hasta octubre de 1883.
- Ubica al menos seis eventos clave de la cronología de la lectura, con fecha y una descripción breve.
- Usa un color distinto para cada campaña: naval, Tarapacá-Tacna-Arica, Lima y la Breña.
- Dibuja o pega un mapa base del litoral y la sierra sur-central del Perú y el norte de Chile.
- Marca con colores diferentes las zonas de la campaña de Tarapacá, la de Tacna-Arica, la de Lima y la de la Breña.
- Anota junto a cada zona una batalla representativa con su fecha.
- Imprime los seis cromos de la galería (o dibújalos a mano con sus datos).
- Pégalos en una página doble de tu cuaderno dejando espacio para tus anotaciones.
- Junto a cada cromo escribe una oración que explique el papel de ese personaje o buque en la guerra.
- Ordena los cromos según la campaña a la que pertenecen: naval, Tacna-Arica, Lima o la Breña.
Prepara una intervención oral de 2 minutos sin leer tus notas. El objetivo es defender una posición con al menos dos argumentos concretos de la lectura.
- Con un solo blindado operativo tras Iquique, Grau logró retrasar casi cinco meses el avance chileno, un logro extraordinario frente a una escuadra numéricamente superior.
- El combate de Angamos mostró que la resistencia continuó hasta el último momento posible, incluso sin ninguna posibilidad realista de victoria.
- La actuación del Huáscar es reconocida internacionalmente como un ejemplo de audacia naval, más allá del resultado final de la guerra.
- La resistencia de Cáceres demostró que la guerra no terminó con la caída de la capital: la nación siguió luchando durante casi tres años más.
- Las montoneras integraron a la población civil de la sierra directamente en la defensa del país, algo que no ocurrió en las campañas anteriores.
- Sostener una guerrilla organizada durante tanto tiempo, con recursos muy inferiores a los del ejército de ocupación, exigió una determinación exceptional.