En la sesión anterior estudiamos las guerras de Independencia en América Latina (1810-1825): cómo los pueblos de Hispanoamérica se liberaron del dominio español, quiénes fueron sus principales líderes —Bolívar, San Martín, Sucre— y qué nuevas repúblicas surgieron de ese proceso. El Perú proclamó su independencia en 1821, pero la pregunta que queda pendiente es: ¿qué pasó después de la independencia? ¿Cómo gobernaron esas nuevas repúblicas? ¿Se volvieron prósperas o cayeron en el caos? En el caso del Perú, la respuesta tiene un protagonista inesperado: el guano de las islas. Esta sesión explica cómo ese recurso natural transformó la economía peruana en el siglo XIX, por qué esa riqueza no duró y qué conflictos geopolíticos en torno al salitre nos condujeron, paso a paso, al enfrentamiento con Chile y Bolivia conocido como la Guerra del Salitre.
La independencia del Perú, proclamada en 1821 por el general José de San Martín y consolidada militarmente en Ayacucho en 1824, no significó el inicio inmediato de la prosperidad. El nuevo Estado heredó una economía devastada por más de una década de guerra: las minas de plata de Cerro de Pasco y Potosí habían perdido productividad, el comercio estaba desordenado y las arcas del gobierno se hallaban prácticamente vacías.
A estos problemas económicos se sumó una profunda inestabilidad política. Entre 1821 y 1845, el Perú tuvo decenas de cambios de gobierno, la mayoría provocados por caudillos militares —generales surgidos de las guerras de independencia— que disputaban el poder mediante pronunciamientos y golpes de Estado. Historiadores como Jorge Basadre, en su monumental Historia de la República del Perú, describieron este período como la «época del caudillismo militar», una etapa en la que la fuerza de las armas prevalecía sobre las instituciones civiles.
En ese contexto de debilidad institucional y crisis económica, el descubrimiento del enorme valor comercial del guano de las islas a partir de la década de 1840 cambiaría radicalmente el horizonte del Perú, aunque no siempre de la manera más conveniente para el país.
El guano es el excremento acumulado durante siglos por aves marinas —principalmente el guanay, el piquero y el pelícano— en las islas y costas desérticas del litoral peruano. La extrema sequedad del clima costeño impide que las lluvias lo disuelvan, por lo que el depósito puede alcanzar decenas de metros de espesor. Su extraordinaria concentración de nitrógeno, fósforo y potasio lo convirtió en el fertilizante más eficaz conocido hasta entonces en el mercado mundial.
A partir de la década de 1840, la demanda europea y norteamericana de guano creció de manera explosiva. La Revolución Industrial había multiplicado las ciudades y la necesidad de alimentar a poblaciones urbanas en rápido crecimiento exigía aumentar la productividad agrícola. El guano peruano era la respuesta. El historiador Heraclio Bonilla, en su obra Guano y burguesía en el Perú (1974), calculó que entre 1840 y 1880 el Perú exportó aproximadamente 11 millones de toneladas de guano, lo que generó ingresos fiscales de alrededor de 750 millones de soles de la época, una suma de proporciones colosales para un país de apenas dos millones de habitantes.
El sistema de consignaciones y el papel de los comerciantes
El Estado peruano no explotaba el guano directamente, sino que lo entregaba en consignación a comerciantes privados —primero extranjeros, luego también peruanos— que se encargaban de comercializarlo en los mercados internacionales a cambio de un porcentaje de las ganancias. El más importante de estos contratos fue el celebrado con la casa comercial inglesa Anthony Gibbs & Sons, que dominó el negocio durante la primera etapa del auge. Más tarde, a partir de la década de 1860, el Estado intentó «peruanizar» el negocio mediante los llamados consignatarios nacionales, encabezados por el empresario Manuel Pardo y Lavalle, quienes controlaron las consignaciones hasta la crisis fiscal de los años 1870.
¿En qué se gastó la riqueza del guano?
La magnitud de los ingresos del guano podría haber financiado el desarrollo industrial del Perú. Sin embargo, la mayoría de los historiadores coinciden en que los gobiernos de la época hicieron un uso muy deficiente de esos recursos. Los principales destinos del gasto público fueron:
- Pago de la deuda externa e interna: el Estado consolidó la deuda de la independencia y pagó las llamadas consolidaciones, una medida que benefició principalmente a una pequeña élite de acreedores privados vinculados al poder político.
- Construcción de ferrocarriles: durante el gobierno de Manuel Pardo (1872-1876) y especialmente bajo la gestión del empresario Henry Meiggs, se construyeron los ferrocarriles de alta montaña más ambiciosos del mundo. Aunque tecnológicamente impresionantes, los ferrocarriles se endeudaron mucho antes de generar utilidades.
- Gasto corriente del Estado: sueldos militares, burocracia y gastos de presupuesto ordinario absorbieron una porción enorme de los ingresos.
- Abolición del tributo indígena y de la esclavitud: el gobierno de Ramón Castilla eliminó el tributo indígena en 1854 y decretó la manumisión de los esclavos, indemnizando a sus propietarios con fondos del guano. Ambas medidas tuvieron un importante costo fiscal.
El resultado fue que, para la década de 1870, cuando las reservas de guano comenzaron a agotarse y los precios internacionales cayeron, el Perú se hallaba en una situación de endeudamiento crítico. El economista Shane Hunt, en su análisis clásico de la economía peruana del siglo XIX, describió el período del guano como un caso paradigmático de «crecimiento sin desarrollo»: el país había recibido enormes ingresos sin transformar sus estructuras productivas.
Mientras el guano comenzaba a escasear en la década de 1860, otro recurso natural del desierto de Atacama empezaba a captar la atención de los mercados mundiales: el salitre (nitrato de sodio). Al igual que el guano, el salitre era un fertilizante extraordinariamente eficaz, pero tenía dos ventajas adicionales: sus reservas eran mucho más abundantes y servía también como materia prima para la fabricación de explosivos industriales y militares.
El problema geopolítico era que el desierto de Atacama estaba distribuido entre tres países cuyas fronteras no habían sido definitivamente delimitadas desde la época colonial: Chile controlaba la zona sur, Bolivia administraba la región de Antofagasta y Perú poseía la provincia de Tarapacá, la más rica en depósitos de salitre de toda la región. Esta superposición de intereses, combinada con la presencia de capitales chilenos y británicos en las salitreras bolivianas, creó una mezcla explosiva de disputas territoriales, intereses económicos y tensiones diplomáticas.
La crisis fiscal peruana y la nacionalización del salitre
Para 1875, el gobierno peruano de Manuel Pardo enfrentaba una situación desesperada: los ingresos del guano caían, la deuda externa era impagable y la economía se contraía. En ese contexto, el Congreso peruano aprobó en 1875 la ley de estanco del salitre: el Estado peruano expropiaba las salitreras de la provincia de Tarapacá a sus propietarios privados —muchos de ellos chilenos— entregándoles a cambio certificados de deuda que prometían ser pagados con las futuras exportaciones. La medida era una apuesta desesperada para que el Estado controlara directamente el nuevo recurso estratégico.
La nacionalización del salitre tarapaqueño generó una reacción muy negativa en Chile, cuyos empresarios y el gobierno veían con preocupación la exclusión de sus nacionales del negocio más lucrativo de la región. Paralelamente, Bolivia aplicó en 1878 un impuesto adicional a las empresas salitreras que operaban en Antofagasta —entre ellas la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, de mayoría accionaria chilena—, violando un tratado de límites firmado con Chile en 1874 que prohibía ese tipo de gravámenes por 25 años. Chile exigió la anulación del impuesto; Bolivia se negó. La chispa estaba encendida.
Ante el creciente poder militar y económico de Chile, tanto Perú como Bolivia buscaron un acuerdo de seguridad mutua. En febrero de 1873 firmaron el Tratado de Alianza Defensiva, un pacto secreto por el que ambos países se comprometían a prestarse ayuda militar en caso de que uno de ellos fuera atacado por una tercera potencia. El tratado tenía una cláusula de arbitraje obligatorio antes de recurrir a las armas, pero dejaba claro que, si el arbitraje fallaba, entrarían en guerra juntos.
Chile descubrió la existencia del tratado casi de inmediato por vías diplomáticas, lo que intensificó su desconfianza y aceleró su propia preparación militar. Durante los años 1870, Chile llevó a cabo una notable modernización de su marina de guerra, adquiriendo los blindados Cochrane e Independencia, que le darían superioridad naval en el momento del conflicto. El Perú, en cambio, no pudo modernizar su flota por la grave crisis fiscal que atravesaba.
La mediación fallida del Perú
Cuando en febrero de 1879 Chile ocupó militarmente el puerto boliviano de Antofagasta como respuesta al impuesto sobre las salitreras, Bolivia declaró la guerra a Chile y activó el tratado de alianza. El presidente peruano Mariano Ignacio Prado intentó una mediación: envió al diplomático José Antonio de Lavalle a Santiago para convencer al gobierno chileno de que el Perú se mantendría neutral si la disputa se resolvía por vías pacíficas. Chile exigió al Perú que declarara su neutralidad y denunciara el tratado con Bolivia. El gobierno peruano se negó a traicionar el pacto. El 5 de abril de 1879, Chile declaró la guerra simultáneamente al Perú y a Bolivia.
El historiador Jorge Basadre describió esta secuencia de decisiones como una «tragedia de errores acumulados»: el Perú entró en una guerra para la que no estaba preparado ni económica ni militarmente, comprometido por un pacto secreto cuya negociación había subestimado las capacidades de Chile y sobrestimado las propias. La deuda del guano, la crisis fiscal y la falta de modernización militar eran el precio que el Perú pagaba por décadas de mala administración de su bonanza.
La pregunta que los historiadores han debatido por décadas es directa: ¿por qué un país que recibió 750 millones de soles en cuarenta años terminó en bancarrota y en guerra? Las respuestas son varias y complementarias.
En primer lugar, la debilidad institucional: el Estado peruano del siglo XIX carecía de la capacidad burocrática para administrar eficientemente sumas tan grandes. Los mecanismos de control del gasto eran precarios y la corrupción era extendida. En segundo lugar, la dependencia de un solo recurso: cuando el guano comenzó a agotarse y el salitre tomó su lugar como fertilizante dominante, el Perú no había diversificado su economía y quedó expuesto. En tercer lugar, el endeudamiento anticipado: el Estado pedía préstamos en el exterior comprometiendo ingresos futuros del guano; cuando esos ingresos cayeron, la deuda fue impagable.
La consecuencia más grave fue la vulnerabilidad militar. El historiador Florencia Mallon señaló que la incapacidad del Estado peruano para construir un ejército profesional, bien equipado y con lealtades institucionales sólidas —en lugar de personalistas— fue el factor determinante de la derrota en la Guerra del Salitre. El guano había dado al Perú los recursos para hacerlo; la mala política impidió que ese potencial se convirtiera en fortaleza nacional.
En ese sentido, el estudio del período del guano es una lección de historia económica y política de primer orden: los recursos naturales, por sí solos, no garantizan el desarrollo de un país. Lo que determina el resultado es la calidad de las instituciones y la inteligencia con que se administra la riqueza.
Tres actividades dosificadas. En 4.° el objetivo es que puedas organizar causas y consecuencias con claridad, usando los conceptos de la lectura con tus propias palabras.
- Dibuja en tu cuaderno un mapa conceptual con el título central: «¿Por qué estallo la Guerra del Salitre?»
- Incluye al menos cuatro causas conectadas al centro con flechas: una económica, una política, una diplomática y una militar.
- Para cada causa escribe una oración breve que la explique con tus propias palabras.
- Dibuja una línea de tiempo desde 1840 hasta 1879.
- Ubica cinco eventos clave de la cronología de la lectura con su fecha y una descripción breve de dos líneas cada uno.
- Usa dos colores: uno para los eventos relacionados con el guano y la economía, y otro para los eventos políticos y diplomáticos.
- Imprime los seis cromos de la galería (o dibújalos a mano con los datos del cromo).
- Pégalos en una página doble de tu cuaderno dejando espacio para tus anotaciones.
- Junto a cada cromo escribe una oración que explique cuál fue el papel de ese personaje en la historia del Perú del siglo XIX.
- Al final, escribe una pregunta propia sobre alguno de los personajes que te haya parecido más interesante o más difícil de evaluar.
Prepara una intervención oral de 2 minutos sin leer tus notas. En 4.° el objetivo es presentar una posición argumentada, usar al menos un dato histórico concreto y mostrar que comprendes las causas del conflicto.
- El Perú podría haber denunciado el tratado secreto con Bolivia y declarado su neutralidad, como pedía Chile. Conservar la paz habría sido más valioso que cumplir un pacto que no era de conocimiento público.
- Si el Perú hubiera administrado mejor los ingresos del guano, habría podido modernizar su ejército y su marina, lo que habría dado a Chile más razones para negociar antes de recurrir a la guerra.
- La mediación diplomática de Lavalle fue bien argumentada; si el gobierno peruano la hubiera respaldado con más firmeza —y con más tiempo—, quizás Chile hubiera considerado una salida pacífica.
- La guerra fue inevitable porque los intereses económicos en juego —el salitre de Tarapacá y Antofagasta— eran demasiado valiosos para que Chile los dejara sin disputar. El Perú era un obstáculo que había que remover.
- El Perú no podía traicionar el tratado con Bolivia sin perder toda credibilidad diplomática en América Latina; sus compromisos lo ataron a un conflicto que no buscó.
- Chile llevaba años preparándose militarmente: sus blindados y su ejército profesional hacían el conflicto inevitable, independientemente de lo que hiciera el Perú.