En la sesión anterior cerramos el estudio del mundo antiguo con Roma II: el Imperio Romano y su legado universal, viendo cómo una civilización puede dejar huellas que llegan hasta nuestros días. Hoy damos un giro completo: dejamos el Mediterráneo y viajamos hacia el continente americano, retrocediendo aún más en el tiempo, hasta la última gran era glacial del planeta. La pregunta que nos guía hoy es distinta a todo lo visto hasta ahora: ¿cómo llegó el ser humano a un continente donde no existía ningún homínido previo? Responderla es indispensable para la siguiente sesión, en la que estudiaremos a los primeros pobladores del territorio peruano y el origen de Caral.
A diferencia de África, Europa, Asia y Oceanía, el continente americano no registra restos de homínidos anteriores al Homo sapiens: ningún fósil de especies humanas primitivas —como el Homo erectus o los neandertales— ha sido hallado en América. Esto significa que el ser humano no evolucionó aquí, sino que llegó ya como Homo sapiens moderno desde otro continente, probablemente durante la última gran glaciación del planeta.
Establecer cuándo, por dónde y en cuántas oleadas llegaron los primeros seres humanos a América ha sido uno de los grandes debates de la arqueología y la antropología física durante más de un siglo. Las evidencias disponibles —restos óseos, herramientas de piedra, análisis genéticos y estudios lingüísticos— han permitido formular distintas teorías, algunas con mucho mayor respaldo científico que otras.
Un continente helado: el escenario de la última Glaciación
Entre aproximadamente hace 110 000 y 12 000 años, el planeta atravesó su última gran era glacial, conocida como Pleistoceno tardío. Durante los periodos más fríos, enormes volúmenes de agua quedaron atrapados en los casquetes de hielo, lo que provocó que el nivel del mar descendiera hasta cien metros por debajo del actual. Esta condición dejó al descubierto amplias franjas de terreno que hoy están bajo el agua, entre ellas una vasta llanura entre Siberia y Alaska conocida como Beringia, escenario central de la teoría más aceptada sobre el origen del ser humano americano.
La teoría con mayor respaldo científico actual es la teoría asiática, formulada por el antropólogo checoestadounidense Alex Hrdlička a inicios del siglo XX. Según esta teoría, grupos de cazadores-recolectores procedentes del noreste de Asia cruzaron a pie el puente de Beringia, siguiendo el desplazamiento de manadas de megafauna —como el mamut lanudo y el bisonte estepario— de las cuales dependían para alimentarse.
Estas migraciones se habrían producido en distintas oleadas, entre hace aproximadamente 20 000 y 12 000 años, cuando el descenso del nivel del mar mantuvo expuesto el paso terrestre. Una vez en el continente, los grupos humanos se habrían desplazado gradualmente hacia el sur siguiendo corredores libres de hielo entre los grandes glaciares que cubrían el norte de América.
La evidencia que respalda esta teoría
A favor de la teoría asiática existen sólidas evidencias: semejanzas físicas y genéticas entre las poblaciones originarias de América y los grupos del noreste asiático, similitudes en el tipo de herramientas de piedra utilizadas a ambos lados del estrecho de Bering, y estudios de ADN mitocondrial que confirman un parentesco genético cercano. Por estas razones, la comunidad científica considera esta teoría como la explicación principal del poblamiento americano.
Aunque la teoría asiática es la más aceptada, no es la única que se ha propuesto a lo largo de la historia. En 1943, el antropólogo francés Paul Rivet planteó la teoría oceánica, según la cual, además de la migración por Beringia, habrían llegado a América otros grupos humanos procedentes de Oceanía, navegando por el océano Pacífico. Rivet basó su propuesta en semejanzas en la forma del cráneo y en el vocabulario de algunas lenguas americanas con las de pueblos de Melanesia y Australia.
Una tercera propuesta, hoy completamente descartada por la ciencia, fue la teoría autoctonista del naturalista argentino Florentino Ameghino, quien en 1911 afirmó que el ser humano había evolucionado de manera independiente en la Patagonia, sin necesidad de migrar desde otro continente. Estudios posteriores demostraron que los fósiles en los que se basaba Ameghino habían sido datados de forma incorrecta y correspondían en realidad a periodos mucho más recientes, por lo que esta teoría carece de todo respaldo científico actual.
Presentar estas tres propuestas —la asiática, la oceánica y la autoctonista— permite comprender que el conocimiento histórico se construye a partir de evidencias que pueden confirmarse, matizarse o descartarse con el tiempo, y que no todas las teorías tienen el mismo nivel de sustento científico.
Durante buena parte del siglo XX se asumió que, tras cruzar Beringia, los primeros migrantes avanzaron hacia el sur exclusivamente por un corredor libre de hielo entre los glaciares que cubrían el interior de América del Norte. Sin embargo, descubrimientos arqueológicos más recientes han complicado este modelo simple.
El hallazgo del yacimiento de Monte Verde, en el sur de Chile, con una antigüedad estimada de unos 14 500 años, resultó especialmente significativo: se trata de un sitio ubicado muy lejos de Beringia y con una fecha anterior a la apertura completa del corredor interior libre de hielo. Este y otros hallazgos han llevado a muchos investigadores a proponer que, además de la ruta terrestre, existió una ruta costera del Pacífico, por la cual algunos grupos humanos habrían avanzado hacia el sur bordeando la costa, posiblemente con embarcaciones sencillas y aprovechando los recursos marinos.
Un poblamiento más complejo de lo que se pensaba
La evidencia actual sugiere que el poblamiento de América no fue un proceso único ni lineal, sino el resultado de varias oleadas migratorias, posiblemente por más de una ruta, a lo largo de varios miles de años. Esta comprensión más matizada es la que hoy predomina entre los especialistas, y será la base para estudiar, en la siguiente sesión, cómo llegaron los primeros seres humanos al territorio peruano y cómo, miles de años después, surgió la civilización de Caral.
Tres actividades dosificadas. El objetivo es que ubiques espacialmente las rutas migratorias y compares las teorías del poblamiento, no que memorices cada fecha en detalle.
- Dibuja una línea de tiempo desde el inicio de la última Glaciación hasta su final.
- Ubica al menos cinco eventos clave de la cronología de la lectura, con fecha aproximada y una descripción breve.
- Usa un color distinto para los hechos geológicos y para las oleadas migratorias.
- Dibuja o pega un mapa base del continente americano y el noreste de Asia.
- Marca con una flecha el puente de Beringia y el corredor libre de hielo.
- Marca con otro color la ruta costera del Pacífico y ubica el punto aproximado de Monte Verde, en Chile.