En la sesión anterior estudiamos la Revolución Rusa y la URSS: cómo un partido revolucionario tomó el poder en 1917, cómo Stalin construyó un Estado totalitario y cómo la industrialización forzada transformó —a un costo humano enorme— un país agrario en una potencia industrial. Vimos también cómo la propaganda y el control social se convirtieron en herramientas de gobierno. Estas mismas preguntas —cómo modernizar un país, qué papel debe tener el Estado en la economía, cómo movilizar a las masas políticamente— llegaron también a América Latina en la primera mitad del siglo XX, aunque con resultados muy diferentes. México vivió su propia revolución (1910-1920); Argentina y Brasil experimentaron con el populismo de Perón y Vargas; y en todo el continente surgió la pregunta de cómo construir naciones modernas sin renunciar a la libertad. Esta sesión examina esas respuestas latinoamericanas, contrastándolas con el modelo soviético que ya conocemos.
Hacia 1910, México llevaba más de tres décadas bajo el gobierno del general Porfirio Díaz, un período conocido como el Porfiriato (1876-1911). Díaz había modernizado el país —ferrocarriles, industria, inversión extranjera— pero a costa de una concentración extrema de la tierra en pocas manos, la represión de la oposición política y la ausencia total de elecciones libres. La frase que resume el régimen era «pan o palo»: beneficios para quienes colaboraban, represión para quienes se oponían.
En 1910, Francisco I. Madero, un terrateniente liberal, desafió electoralmente a Díaz. Tras un fraude electoral evidente, Madero llamó a la rebelión armada. Lo que comenzó como un movimiento de la clase media liberal se transformó rápidamente en una revolución social de dimensiones continentales, con la incorporación de líderes campesinos como Emiliano Zapata en el sur y Francisco «Pancho» Villa en el norte, cada uno con sus propias bases sociales y demandas.
Zapata, Villa y la cuestión agraria
Emiliano Zapata representaba a las comunidades campesinas indígenas del estado de Morelos, despojadas de sus tierras comunales por las haciendas azucareras. Su lema, «Tierra y Libertad», y su Plan de Ayala (1911) exigían la devolución de las tierras a las comunidades. Pancho Villa, por su parte, lideró un ejército popular en el norte —la División del Norte— con gran movilidad militar gracias al uso del ferrocarril. Ambos representaban demandas profundamente populares que la clase política liberal —Madero, y después Carranza— no compartía plenamente, lo que generó enfrentamientos entre los propios revolucionarios tras la caída de Díaz.
La Constitución de 1917 y la institucionalización
Tras una década de guerra civil con un costo humano estimado entre uno y dos millones de muertos, la Constitución de 1917 —todavía vigente, aunque reformada— plasmó las demandas revolucionarias en ley: reforma agraria (artículo 27), derechos laborales (artículo 123) y educación laica y gratuita. En 1929 se fundó el Partido Nacional Revolucionario —antecesor del PRI— que gobernaría México de manera ininterrumpida durante 71 años, institucionalizando la revolución mediante un sistema de partido único de facto que combinaba estabilidad política con limitaciones democráticas reales.
Juan Domingo Perón (1895-1974) fue un militar argentino que llegó al poder tras el golpe de 1943 y fue elegido presidente en 1946 con un apoyo electoral masivo. Su movimiento político —el peronismo— se convirtió en el ejemplo más estudiado de populismo latinoamericano del siglo XX y sigue siendo una fuerza política activa en Argentina hasta hoy.
El proyecto de Perón se llamó justicialismo: una «tercera posición» que se presentaba como alternativa tanto al capitalismo liberal como al comunismo soviético. En la práctica, combinó una fuerte intervención del Estado en la economía, nacionalizaciones de empresas estratégicas (ferrocarriles, servicios públicos), una notable expansión de los derechos laborales —vacaciones pagadas, aguinaldo, jubilaciones— y un vínculo muy estrecho con el movimiento sindical organizado, la Confederación General del Trabajo (CGT).
Eva Perón y la movilización social
Eva Duarte de Perón (1919-1952), esposa del presidente, se convirtió en una figura política de enorme influencia propia. Dirigió la Fundación Eva Perón, que canalizaba ayuda social directa a los sectores más pobres —hospitales, viviendas, becas— de forma paralela al Estado, reforzando el vínculo emocional entre el movimiento peronista y los sectores populares. Impulsó también el sufragio femenino en Argentina, aprobado en 1947. Su muerte en 1952, a los 33 años, generó una de las manifestaciones de duelo popular más grandes de la historia argentina.
El debate académico sobre el peronismo
El peronismo es uno de los temas más debatidos de la historiografía latinoamericana. Sus defensores destacan la ampliación real de derechos laborales y sociales y la incorporación política de sectores populares previamente excluidos. Sus críticos —entre ellos historiadores liberales como Carlos Escudé y Tulio Halperín Donghi— señalan que el modelo se sostuvo sobre un control creciente de los medios de comunicación, la persecución de la oposición política y un gasto público que, a largo plazo, generó desequilibrios económicos estructurales que Argentina sufriría durante décadas. El propio Perón fue derrocado por un golpe militar en 1955, lo que muestra la fragilidad institucional de su proyecto.
Getúlio Vargas (1882-1954) gobernó Brasil de manera casi continua entre 1930 y 1954 —primero como dictador durante el Estado Novo (1937-1945) y después como presidente elegido democráticamente (1951-1954)—. Su trayectoria ilustra de manera ejemplar la combinación, característica del período, entre modernización económica y autoritarismo político.
El Estado Novo —nombre que Vargas tomó deliberadamente del régimen portugués de Salazar, con el que compartía inspiración corporativista— suspendió el Congreso, prohibió los partidos políticos, censuró la prensa y persiguió tanto a comunistas como a movimientos de extrema derecha como el integralismo brasileño. Al mismo tiempo, impulsó una de las transformaciones económicas más importantes de la historia brasileña.
La industrialización por sustitución de importaciones
Vargas convirtió a Brasil en el caso más exitoso de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) de América Latina en su momento. Creó empresas estatales estratégicas: la Companhia Siderúrgica Nacional (acero, 1941), la Companhia Vale do Rio Doce (minería de hierro, 1942) y sentó las bases de lo que más adelante sería Petrobras (petróleo). Esta estrategia —Estado como motor de la industrialización, protección arancelaria para la industria nacional naciente— fue replicada, con variantes, por gobiernos de toda la región durante décadas.
El legado corporativista de Vargas
En el plano laboral, Vargas creó la Consolidação das Leis do Trabalho (CLT, 1943), un extenso código laboral que sigue vigente —con reformas— en Brasil hasta la actualidad. Organizó los sindicatos bajo control y supervisión estatal, en un modelo corporativista que buscaba canalizar las demandas obreras evitando la confrontación de clases que el comunismo proponía. El historiador brasileño Boris Fausto, en História do Brasil (1994), describe el legado de Vargas como profundamente ambivalente: «modernizó el país, pero dejó una cultura política en la que el Estado, no la sociedad civil organizada, fue durante décadas el principal actor del cambio social».
México vivió un segundo momento de transformación profunda durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940), considerado el gobierno que más plenamente aplicó las promesas de la Constitución de 1917. Cárdenas distribuyó más tierra entre los campesinos mediante la reforma agraria que ningún presidente anterior, fortaleció los sindicatos organizándolos en una central obrera nacional y, en 1938, llevó a cabo la expropiación petrolera: la nacionalización de las compañías petroleras extranjeras —principalmente británicas y estadounidenses— que dio origen a Petróleos Mexicanos (PEMEX). Este acto, recordado cada año en México el 18 de marzo, se convirtió en un símbolo continental de afirmación de la soberanía económica frente a las potencias extranjeras.
Otros procesos de modernización en el continente
El patrón de modernización con fuerte intervención estatal y liderazgo personalista no fue exclusivo de México, Argentina y Brasil. En Perú, el Oncenio de Augusto B. Leguía (1919-1930) impulsó obras públicas, infraestructura vial y la modernización de Lima, aunque mediante un gobierno que progresivamente concentró poderes y suprimió la oposición —un antecedente directo de los temas que se estudiarán en la Unidad 4 sobre el Perú republicano—. En Chile, el período entre 1920 y 1950 vio el surgimiento de una clase media urbana y los primeros sistemas de seguridad social de la región. En Colombia, el «bogotazo» y los conflictos partidarios anticipaban tensiones que estallarían a mediados de siglo.
Lo común a todos estos procesos fue la búsqueda de un camino propio entre dos modelos extremos: el capitalismo liberal puro —que la Gran Depresión de 1929 había desacreditado profundamente al provocar el colapso de las exportaciones primarias latinoamericanas— y el comunismo soviético —que pocos gobiernos de la región, salvo minorías políticas, consideraban un modelo deseable—. El resultado fueron Estados fuertes, intervencionistas en la economía, con líderes carismáticos y, en distintos grados, limitaciones a la democracia plena.
El período estudiado en esta sesión —la primera mitad del siglo XX en América Latina— sigue siendo objeto de un intenso debate historiográfico, en buena medida porque sus consecuencias se extienden hasta el presente. Los populismos de Perón y Vargas, las revoluciones de México, y los procesos modernizadores de Leguía en el Perú compartían una pregunta de fondo: ¿cómo construir Estados-nación modernos, industrializados y con cohesión social, en sociedades profundamente desiguales y con instituciones democráticas débiles?
Una interpretación, predominante entre historiadores y economistas liberales, sostiene que el modelo de sustitución de importaciones y el corporativismo estatal generaron en el corto plazo avances sociales reales —derechos laborales, infraestructura, industria nacional— pero a costa de un crecimiento desordenado del gasto público, una dependencia excesiva del Estado como motor económico y una cultura política que privilegiaba al líder carismático sobre las instituciones. Esta interpretación señala que, décadas más tarde, varios de estos países enfrentarían crisis de deuda e inflación que tuvieron sus raíces en estas políticas.
Una segunda interpretación, sin negar estos problemas, subraya que las alternativas disponibles en el contexto de la Gran Depresión —el liberalismo económico clásico, que había colapsado en 1929, o el comunismo soviético, cuyos costos humanos en la URSS ya eran visibles— no ofrecían soluciones evidentemente mejores para sociedades con la desigualdad estructural de América Latina. El historiador peruano Jorge Basadre, refiriéndose al caso peruano pero con validez para el patrón continental, hablaba de la tensión permanente entre «el Perú posible» y «el Perú real»: entre los ideales republicanos y las condiciones materiales que dificultaban alcanzarlos.
Lo que ambas interpretaciones comparten es el reconocimiento de que la primera mitad del siglo XX dejó instituciones, identidades políticas y patrones económicos que explican buena parte de la América Latina del siglo XXI: el papel del Estado en la economía, la fuerza de los movimientos populistas y la persistente brecha entre las promesas constitucionales y la realidad social siguen siendo, hoy, temas centrales del debate político latinoamericano.
Completa las siguientes actividades en tu cuaderno. Usa la lectura académica, la línea de tiempo y la fuente primaria. En 4.° de secundaria el nivel esperado es la elaboración de cuadros comparativos de procesos históricos —la evidencia oficial de esta sesión según la Unidad de Aprendizaje— además de análisis crítico y argumentación con datos.
- Esta es la evidencia oficial de la sesión 5: un cuadro comparativo de los procesos estudiados.
- Complétalo en tu cuaderno con la información de la lectura académica.
| Criterio | México (Revolución) | Argentina (Perón) | Brasil (Vargas) |
|---|---|---|---|
| Período principal | 1910-1920 / 1934-1940 | [Completa] | [Completa] |
| Tipo de proceso | Revolución armada + reforma institucional | [Completa: ¿fue una revolución armada o algo distinto?] | [Completa] |
| Líder(es) principal(es) | [Completa: nombra al menos dos] | [Completa] | [Completa] |
| Medida económica clave | [Completa: ¿qué se nacionalizó y cuándo?] | [Completa] | [Completa: ¿qué empresas estatales se crearon?] |
| Medida social/laboral clave | [Completa: ¿qué artículo constitucional?] | [Completa] | [Completa: ¿qué código laboral?] |
| ¿Fue democrático? | [Para cada caso, responde con un argumento breve: sí, no, o "parcialmente" y por qué] | ||
- Dibuja el contorno simplificado de América Latina en tu cuaderno.
- Ubica y dibuja un pequeño icono del producto de exportación principal de cada país según el Mapa 1 de la lectura: México (plata/henequén), Brasil (café), Argentina (carne/trigo), Chile (salitre/cobre), región amazónica (caucho), Cuba (azúcar).
- Escribe el término «economía primario-exportadora» y, en una oración, explica qué significa.
- Añade leyenda y título: «América Latina hacia 1900-1910: economías de exportación».
- Copia los ocho términos del vocabulario de la sesión.
- Para cada uno: el término, su etimología y una oración propia en contexto histórico concreto.
- Ejemplo: «El populismo de Perón combinó políticas de Estado de bienestar con un fuerte componente de movilización emocional hacia "el pueblo".»
- Imprime los nueve cromos de la galería de la lectura (o dibújalos a mano si no tienes impresora).
- Pégalos en dos páginas del cuaderno, dejando espacio alrededor de cada uno para tus anotaciones.
- Junto a cada cromo escribe: quién es o qué representa, a qué país y proceso pertenece y un dato que te haya llamado la atención.
- Al final, agrupa tus nueve cromos en tres columnas según el país: México, Argentina, Brasil. ¿Qué patrón común encuentras entre los tres países? Escribe una oración explicándolo.
Prepara una intervención oral de 2 minutos sin leer tus notas. En 4.° de secundaria el objetivo es defender una posición con argumentos históricos concretos, reconocer la posición contraria y responder preguntas con seguridad.
- Tras la Gran Depresión de 1929, el liberalismo económico clásico había colapsado y no ofrecía soluciones para economías primario-exportadoras devastadas.
- El peronismo amplió derechos laborales reales —vacaciones pagadas, aguinaldo, jubilaciones— y el sufragio femenino (1947), incorporando a sectores antes excluidos.
- La industrialización del Estado Novo brasileño (acero, minería) creó capacidades productivas que el país no tenía y que serían la base de su desarrollo posterior.
- La reforma agraria de Cárdenas y la expropiación petrolera de 1938 fueron actos de soberanía que sentaron un precedente para todo el continente.
- El Estado Novo de Vargas suspendió el Congreso, censuró la prensa y persiguió a la oposición política durante ocho años.
- Perón fue derrocado por un golpe militar en 1955, mostrando que su modelo no logró construir instituciones democráticas estables.
- El gasto público elevado del modelo populista generó, según historiadores liberales, desequilibrios económicos que explican crisis de deuda e inflación décadas después.
- El corporativismo —control estatal de los sindicatos— limitó la autonomía de la sociedad civil organizada, dejando al Estado como el único actor relevante del cambio social.